Abusos: el Papa aceptó la renuncia de tres obispos chilenos

Ajustar Comentario Impresión

Al aceptar la renuncia de Barros el lunes, Francisco facilitará la tarea.

Por último, siempre en Chile, el Papa ha aceptado la renuncia al gobierno pastoral de la diócesis de Osorno, presentada por Mons.

En un comunicado publicado en la página de la Conferencia Episcopal, también se comunicó que el pontífice aceptó las renuncias de los obispos de Puerto Montt, Cristián Caro Cordero, y de Valparaíso, Gonzalo Duarte García de Cortázar.

No estaba claro de inmediato si la decisión anunciada el lunes significaba que el Papa no aceptaría ninguna otra de las renuncias.

Tras el viaje, después del revuelo mediático que supuso el caso 'Barros', el Papa envió a Chile a monseñor Scicluna, arzobispo maltés, para llevar a cabo una investigación y tomar las declaraciones de las víctimas que acusaban a Juan Barros del encubrimiento de abusos por parte del sacerdote Fernando Karadima. El cura, que ahora tiene 87 años y vive en un asilo de ancianos en Chile, siempre ha negado las acusaciones. Barros niega las denuncias. Eugenio de la Fuente, uno de los sacerdotes víctimas, dijo a los medios que confiaba en que el proceso que ha iniciado el papa acabe por "conducir a renovar la Iglesia" en el país.

Tras conocerse la noticia, Juan Carlos Cruz, víctima de los abusos de Fernando Karadima, reaccionó a través de su cuenta de Twitter, quien no pudo ocultar su alegría.

En Chile, estas renuncias se producen después de los escándalos por abusos a menores por parte de religiosos y la falta de transparencia en la Iglesia católica en su gestión.

En reemplazo de Barros, acusado de encubrimiento en un polémico caso, el Papa designó a Jorge Concha, quien se desempeñaba como obispo auxiliar de Santiago de Chile.

Francisco ha prometido a los católicos chilenos marcados por una cultura de escándalos sexuales del clero que la Iglesia no los ignoraría "nunca más" ni ocultaría el abuso en su país, y señaló en una carta enviada el mes pasado que la renovación de la jerarquía eclesiástica no era suficiente y debía ir más allá de medidas de contención.