Ecuador, de luto, busca los cadáveres de los periodistas

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"Por experiencia propia puedo decirles que cuando las naciones se juntan y colaboran, los delincuentes siempre pierden, puntualizó".

"Desde la SIP solicitamos transparencia, claridad y acceso total a la información que manejan los gobiernos de Ecuador y Colombia", añade la declaración, que al mismo tiempo rechaza "categóricamente todo hecho violento en contra de los periodistas y comunicadores sociales de la región".

Esos operativos suelen hacerse con mucha reserva y trasciende poca información.

El periodista Javier Ortega, de 36 años; el fotógrafo Paúl Rivas, de 45, y el conductor Efraín Segarra, de 60, fueron secuestrados en la zona de Mataje, en la provincia de Esmeraldas, frontera con Colombia cuando realizaban un reportaje sobre la creciente inseguridad en la zona desde enero. Al pedido también se sumó el "grupo liderado por Guacho", agregó el organismo.

Esta recompensa se suma a los 100 mil dólares (300 millones de pesos) que ofreció el presidente ecuatoriano, Lenin Moreno, la noche del jueves.

Su caso, condenado por la comunidad internacional, sume en el dolor a un país que jamás había sufrido con tanta crueldad los problemas derivados del narcotráfico en Colombia.

Luego de la confirmación de la muerte del equipo de El Comercio cientos de personas se concentraron en la Plaza Grande de Quito, frente al Palacio de Gobierno, y encendieron velas con las fotos de las víctimas, y manifestaron su indignación a las autoridades.

Vencido el ultimátum cerca del mediodía del viernes, Colombia y Ecuador iniciaron una cacería de los responsables en la porosa y selvática frontera, uno de los puntos estratégicos en la ruta del Pacífico para transportar cocaína a Estados Unidos a través de Centroamérica. "No sabemos los detalles de dónde se realizó este crimen tan atroz", añadió. "Hay que hacer una política multilateral, donde haya cuestiones de economía, de política y obviamente de cuestiones militares", explicó a la AFP este experto en seguridad.

La inusitada violencia que vive Ecuador, que ha dejado por ahora siete muertos y cuatro decenas de heridos, es una secuela del acuerdo de paz que condujo al desarme de las FARC, organización que controlaba territorios que ahora están en disputa entre desertores rebeldes y bandas de origen paramilitar.