Presidente Temer reitera negativa a renunciar en Brasil

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"Destitúyanme si quieren, pero si me retiro, estaría admitiendo culpa", sostuvo Temer, tras negar acusaciones de corrupción y de obstrucción a la justicia en una extensa investigación sobre pago de sobornos.

"Si quieren, que me derriben porque, si yo renuncio, es una declaración de culpa", dijo Temer en una entrevista publicada ayer en el Folha de Sao Paulo.

Asimismo, rechazó que vaya a renunciar en caso de ser imputado por la Corte Suprema, a pesar de ser ese el límite impuesto por él mismo para mantener a sus ministros en el cargo al inicio de las investigaciones por el caso Odebrecht.

"No, porque yo soy jefe del Ejecutivo". La Fiscalía sustentó la apertura de la investigación de acuerdo con los testimonios de varios ejecutivos de la multinacional cárnica JBS, quienes, en un acuerdo de colaboración judicial, confesaron haber sobornado a más de 1.800 políticos de más de 28 partidos. Por su parte, el director de JBS, Ricardo Saud, aseguró en su declaración que Temer pidió y recibió 15 millones de reales (4,6 millones de euros) para las elecciones de 2014, los cuales iban a distribuirse entre sus aliados, pero se guardó un millón (US$ 307.000 dólares) para él mismo en vez de usarlo en la campaña.

Según informa el diario O Globo, nueve de esos pedidos fueron presentados después que se conociera la grabación del mandatario aprobando pagar por el silencio del ex diputado Eduardo Cunha, preso por el caso Petrobras. Temer apuntó que eso no significa que cometiera prevaricación.

El escándalo que acorrala a Temer estalló la semana pasada, con la difusión del audio de una conversación que tuvo con un empresario en su residencia oficial, en la que hasta llega a consentir con diversas maniobras ilegales que le son relatadas. "Escucho a mucha gente y mucha gente me dice las mayores tonterías que no tengo en cuenta". El presidente reiteró que "todo fue montado" y apuntó que las sospechas en su contra no impedirán la aprobación de las reformas económicas propuestas por su gobierno, paralizadas temporalmente por el escándalo.

El presidente de Brasil, Michel Temer, quien operó para destituir a Dilma Rousseff, ahora está al borde de ser eyectado del sillón presidencial, sin apoyo político y con una multitud en las calles pidiendo su salida.